viernes, agosto 05, 2005

Zizek: Sobre lo real

La noción de lo real presupuesta aquí es lo real como imposible en el sentido de la gran ausencia: tú siempre lo pierdes, es un vacío básico y la ilusión de que tú puedes conseguirlo. La lógica es que cuando alguna vez pensamos nosotros llegamos a lo real, eso es una ilusión porque lo real es actualmente demasiado traumático para ser encontrado: confrontar directamente lo real sería un imposible, una experiencia incestuosa, autodestructiva. Yo pienso que soy parcialmente corresponsable por este serio revisionismo, para ponerlo en términos estalinistas. Yo soy corresponsable por la predominancia de la noción de lo real como la cosa imposible, algo que no podemos confrontar directamente. Yo pienso que esto no sólo está equivocado, sino que tiene consecuencias políticas catastróficas, en tanto que abre el camino hacia la combinación de Lacan con una cierta problemática derridiana-levinasiana: real, divinidad, imposibilidad, otredad. La idea es que lo real es otro traumático al cual tú no puedes responder apropiadamente. Pero yo estoy de más convencido de que éste no es el verdadero foco del real dracaniano. ¿Dónde está, entonces, ese foco?

Con la lógica de lo real como imposible, tú tienes esta noción del objeto que no se puede poseer, la lógica del deseo, dónde el deseo se estructura en torno a un vacío primordial. Y argumentaría que la noción de pulsión está aquí presente no puede ser leída en esos términos trascendentalistas: es decir, en términos de una pérdida a priori donde los objetos científicos nunca coinciden con la cosa. El ejemplo vulgar que yo daría aquí es el siguiente: digamos que tú estás enamorado de una mujer, y que estás obsesionado por su vagina. Tú haces todas las cosas posibles, la penetras, la besas, lo que sea, es tu problema, yo no voy a ir más lejos. Ahora bien, desde una perspectiva trascendentalista, la idea es que ésta es una típica ilusión: tú piensas que la vagina es la cosa en sí misma, pero en realidad no lo es, y tú deberías aceptar la brecha entre el vacío de la cosa y el objeto contingente que la llena. Pero cuando tú está en una tal relación sexual tan intensa yo no pienso que la idea pueda ser que la vagina es sólo una representación de la cosa imposible, yo pienso que es este objeto particular, pero que este está extrañamente escindido. Hay una autodistancia. Tú sabes que es la vagina, pero nunca tienes suficiente de ella. La escisión está dentro del objeto mismo, no es entre la realidad empírica y la cosa imposible, es, más bien, que la vagina es ambos: ella misma y al mismo tiempo algo más.

Así que, de algún modo, tú encuentras lo imposible, no puedes decir que es una mera ilusión trascendental de confundir un objeto empírico con la cosa imposible. La vagina es imposible, pero no es simplemente una ilusión. El punto es que el objeto de la pulsión son esos objetos privilegiados que están, de alguna manera, doblados en sí mismos. Lacan se refiere a esto como el desdoblamiento, hay una clase de distancia segura, pero es una distancia segura dentro del objeto mismo: No es la distancia entre el objeto y la cosa.

Cada vez estoy más convencido que hay al menos tres nociones de lo real. Yo diría que la misma triada de lo real, simbólico e imaginario, es, de alguna manera, proyectada sobre lo real mismo., entonces, tenemos que ponerlo en términos directos: real real, imaginario real y simbólico real. Primero, lo real real sería la cosa horrible: la cabeza de la medusa; el alien del cien; el abismo; un monstruo. Pero hay, entonces, otros dos reales que nosotros tendemos a olvidar en Lacan. Hay el real simbólico que es simplemente la fórmula científica sin significado. Por ejemplo, la física cuántica puede ser entendida como lo simbólico real, ¿en qué sentido real? Precisamente en el sentido de que nosotros no podemos integrarlo en nuestro horizonte de significación como al gran físico cuántico Richard Hineman le gusta enfatizar, tú no puedes entender la física cuántica, no puedes traducirla en tu horizonte de significaciones; consiste de fórmulas que simplemente funcionan. Yo pienso que es desde aquí que debemos releer el sueño de Freud sobre la inyección de Irma, inyección en la cual la fórmula de trimetilamina aparece al final. Esto no es significado; esto es precisamente lo real sin significado. Podríamos llamarlo el real científico, basado sobre un conocimiento sin significado, casi pre subjetivo. Eso sería lo simbólico real.

Entonces, nosotros tenemos un aspecto que va más allá que me interesa cada vez más: lo imaginario real. Usando una expresión de Alenka Zupancic, esto no designa la ilusión de lo real, sino lo real en la misma ilusión. Tomemos el ejemplo del racismo de bajo nivel, en el cual hay algún rasgo, algún “yo no sé qué” en lo turcos, en los árabes, en los judíos o en quien sea que te fastidia. Este es el imaginario real, este rasgo elusivo que es totalmente no sustancia, pero que te molesta. Éste es el punto de lo real en el otro.
Esta categoría del imaginario real, pienso, es, de alguna forma, la crucial porque señala que para Lacan lo real puede también aparecer como algo frágil (ésta es la razón por la que yo titule a mi libro “El frágil absoluto”). Lo real no es necesariamente, o siempre, lo “duro real”. Puede también tener esta apariencia totalmente frágil: lo real puede ser también algo que se exuda o brilla. Por ejemplo, cuando hablas con otra persona y estás encantado con él o ella, de tiempo en tiempo percibes una dimensión traumática, mística, trágica, o lo que fuera, en él o ella. Esto es algo que es real, pero al mismo tiempo es algo totalmente elusivo y frágil; esto sería lo imaginario real.

Así que el verdadero nudo lacaniano de lo real, imaginario y simbólico es más una configuración de tres dimensiones. Es decir, cada una de estas categorías puede ser proyectada o seguida en todas las demás. Por ejemplo, nosotros también tenemos dentro del orden simbólico, lo símbolo simbólico, lo real simbólico y lo imaginario simbólico. Lo real simbólico es lo mismo que lo simbólico real, son fórmulas sin significado. Lo simbólico simbólico es simplemente el habla como tal, el habla que significa. Y el imaginario simbólico consiste sólo de arquetipos: los simbólicos de jungianos y así por el estilo. A nivel de lo imaginario, nosotros tenemos lo imaginario imaginario, lo real imaginario y lo simbólico imaginario. Lo real imaginario podría ser la cosa horrible. Lo imaginario imaginario sería la imagen como tal, seductora. Y el simbólico imaginario serían los símbolos. El punto es que esas tres nociones –real, imaginario y simbólico- están realmente entretejidas en un sentido radical, como una estructura de cristal en la cual los diferentes elementos están mapeados y se repiten a sí mismos dentro de cada categoría.

El resultado de todo esto es que para Lacan lo real no es imposible en el sentido de que nunca pueda suceder, un meollo traumático que elude para siempre nuestra posibilidad de tomarlo. No, el problema con lo real es que éste ocurre y que ello es el trauma. El punto no es que lo real es imposible sino, más bien, que el imposible es real. Un trauma, o un acto, es simplemente el punto cuando lo real ocurre, y esto es difícil de aceptar. Lacan no es el poeta que nos dice cómo siempre fallamos dentro de alcanzar lo real. Ocurre lo contrario con el viejo Lacan. El hecho es que tú puedes encontrar lo real, y esto es lo que es difícil de aceptar.
Yo no estoy más satisfecho con mi vieja definición de ideología, donde el punto era que ella es la ilusión que llena la brecha de la imposibilitada y la imposibilidad inherente es traspuesta en un obstáculo externo; y que, por tanto, lo que debe hacerse es reafirmar la imposibilidad original. Éste es el resultado, en última instancia, de una cierta lógica trascendentalista: tú tienes un vacío a priori, una imposibilidad original y la trampa de la ideología es traducir esta posibilidad inherente en un obstáculo externo; la ilusión es que mediante la superación de este obstáculo tú tienes la superación de lo real. Estoy casi tentado de decir que operación ideológica definitiva es lo opuesto; esto es la misma elevación de algo hacia lo imposible como un medio de posponer o evitar encontrarla.

Otra vez, estoy tentado a invertir la fórmula estándar. Si, de un lado, la ideología implica traducir la imposibilidad en un bloqueo histórico particular, sosteniendo por tanto el sueño de una realización última, un encuentro consumado con la cosa. De otro lado, y esto es algo que tú lo has ya mencionado en tu excelente ponencia “La Ideología y sus Paradojas”, la ideología también funciona como una manera de regular una cierta distancia con tal encuentro. Sostiene al nivel de la fantasía precisamente aquello que busca evitar en el nivel de la actualidad: se da maña para convencernos que la cosa no puede ser encontrada, que lo real elude para siempre nuestra posibilidad de asirlo. De esta manera, la ideología parece que envuelve tanto en sostener como en evitar con relación al encuentro con la cosa.

Tomemos el amor o la relación sexual. Lo que la gente usualmente pierde de vista es que para Lacan el amor cortés es una gran farsa. Éste es precisamente una manera de evitar el trauma del encuentro. Como es bien conocido, Lacan afirma que no hay relación sexual, lo que significa que cuando tú estás totalmente comprometido en una relación sexual hay una fase traumática muy difícil, pero como tal tienes que soportarla. Lo que hace el amor cortés a través de posicionar al encuentro como imposible y posponerlo indefinidamente es evitar el trauma del riesgo del encuentro. Entonces, es la lógica opuesta. La elevación en imposibilidad como operación fundamental, ésta es la dimensión ideológica. Nosotros vemos lo mismo con el falso amor, la idea de que el mundo no es para nosotros, si sólo nosotros podríamos vivir en un tiempo diferente, el verdadero amor estaría en algún otro lugar; si sólo las circunstancias fueran correctas, etc. Esto es otra vez una manera diferente de evitar el encuentro. Entonces, para ser claros, lo real es imposible, pero no es simplemente imposible en el sentido de un encuentro fallido. Es también imposible en el sentido de que es un encuentro traumático que ocurre, pero que no somos capaces de confrontar. Y una de las estrategias usadas para evitar la confrontación es precisamente colocarlo como un ideal indefinido que está externamente pospuesto. Un aspecto de lo real es que es imposible, pero otro aspecto es que ocurre pero es imposible de sostener, de integrar. Y este segundo aspecto, pienso, es cada vez más crucial. Esta es la razón por la cual me interesa tanto la problemática de “ama a tu prójimo”. Para Lacan el prójimo es lo real. Cuando uno introduce lo real por primera vez sistemática en su seminario sobre la ética lo real es el prójimo. Eso significa que lo real no es imposible hay prójimos. El punto es que un comando como “ama a tu prójimo” es precisamente una de las formas de evitar el trauma de la proximidad. Esta dimensión es más importante que la simple imposibilidad.

Especialmente hoy en día, yo pienso que toda esta plegaria sobre la tolerancia, del amor por el prójimo de uno son, en última instancia, estrategias para evitar el encuentro con el prójimo. Uno de mis ejemplos favoritos es el de fumar. Yo sospecho mucho de toda esta propaganda contra formar. Yo no fumo ni estoy al servicio de ninguna compañía de tabaco. Pero lo que encuentro sospechoso (y es aún médicamente problemático) es la idea de del fumar pasivo donde el foco es ahora puesto en cómo los no fumadores son afectados. Pienso que lo que está realmente en juego es que hay otras quienes a través del fumar están disfrutando demasiado intensamente de una manea autodestructiva, y que esto es insoportable. Aquí yo pienso que tú tienes en su forma más pura la figura del prójimo inclusivo que disfruta, él o ella, demasiado.

También más generalmente, encuentro el tópico del asedio sexual extremadamente sospecho, porque asedio es realmente un nombre diferente para encontrarte con tu prójimo. Seamos claros, cada encuentro verdadero con tu prójimo es una forma de asedio, aún cuando otra persona se presenta a ti con buenas nuevas, por ejemplo, como un compañero sexual potencial de una manera recíproca, declarando abiertamente su pasión por ti, ¿no hay algo siempre de embarazosamente violento en este gesto? Ser el objeto de la pasión del otro es un a posición difícil en la que estar.

Así que yo defiendo la idea de que todas estas luchas contra el asedio son realmente consecuencias de la lucha contra el prójimo fastidioso. En última instancia, la lógica de la tolerancia y del antiasedio es “yo quiero estar solo”: es como tener contacto con los otros, pero contacto sin contacto; como mantener una distancia propia. Eso se ejemplifica en la orden legal de restricción, cuando se produce un comando que impide que una persona esté a menos de 500 metros de la persona que se ha quejado. Esto es típicamente donde estamos hoy día. Toda la obsesión que hoy tenemos con diferentes formas del asedio, fumar, sexual, etc. Es simplemente cómo mantener una distancia con el vecino o prójimo, entonces, otra vez, nosotros tenemos el prójimo como lo real, un real que es demasiado posible y que es traumático, con la instrucción de este real que es la obsesión central de nuestros tiempos ha surgido la problemática de cómo mantener una distancia apropiada.

Yo también diría que esto es la razón por la cual las causas humanitarias son tan populares. No son simplemente una expresión de amor para tu prójimo, sino son exactamente lo opuesto. Es decir, la función del dinero dado a causas humanitarias es la misma función del dinero tal y como Lacan la identificó en le psicoanálisis; el dinero significa yo te pago para que de esta manera no nos involucremos.